¿Y ahora por qué hay que lavar el empaque de las papas fritas?

Es realmente inverosímil toda esta historia de la pandemia. ¿Cómo puede ser que una simple gripa haya podido colapsar todos los recovecos del mundo entero?, ¿no dizque se contaban con pomposos adelantos científicos y tecnológicos como la inteligencia artificial o los ordenadores cuánticos?, ¿cómo fue que esta enfermedad pilló por sorpresa (con los calzones abajo) a todo el mundo?, ¿cómo es que es la primera vez que los expertos se topan con esta enfermedad y no existe ningún tratamiento posible?, ¿De cuándo acá ni los mismos expertos tienen ni idea de qué se trata todo esto?

En cierto modo, todo esto parece ser el guion olvidado de una película tipo serie B de catástrofes de Hollywood. Este virus sacudió todos nuestros hábitos cualesquiera sean los motivos: esos interminables 20 segundos de fregado continuo que descascara las manos,  y que se renuevan una y otra vez y otra vez (sé que no debo tocarme la cara…pero de empellón, me pica demasiado la nariz…tendré que lavarme las manos… ¡maldita sea¡ otra vez me pica imperiosamente la nariz).  El primer lavado en toda la historia de cajas de galletas, cereal o del empaque de las papas. Limpieza con agua y jabón de frutas y verduras. El cargante cambio y constante lavado de ropa. Y lo peor de todo: el tapabocas. El abyecto tapabocas: ese objeto nacido de Satanás que hastía y cual gusarapo que se reproduce y se expande de ese latoso aire caliente asfixiante y no permite advertir nada claramente porque se empotra en los quevedos.

Más aún, el origen mismo de la enfermedad es lóbrego. Por una parte, se dice que su origen es animal. Que pasó del murciélago, de allí a otra especie intermedia (ora el pangolín, ora el mapache perro, ora el gato civeta), para dar últimamente el salto a los humanos por el tráfico de fauna exótica en los mercados en la China. Ahora bien, es difícil poner coto a las historias conspirativas que sugieren que el virus fue el resultado de un accidente en un laboratorio en Wuhan (porque todavía no se sabe debidamente si el origen está en los mercados de Wuhan), de un  experimento que salió mal y por el cual el virus pudo haber encontrado la forma de escapar y difundirse.

Que provoca la pérdida del olfato y el gusto, que afecta la garganta y los pulmones, ah pero…, también  puede afectar el cerebro, ah sí… que…, también afecta el hígado, no pero que…, también causa daños en el intestino, páncreas y  riñones, y que además…, (…erda no joda) ¡ya no saben que más inventar pues¡ ¡ya párenla oye!

En cualquier escenario, somos los humanos los que iniciamos todo esto. El ritmo de vida era insostenible. Era un ritmo de locos, errático si se quiere. Un ejercicio de inercia, como en piloto automático, porque sí; porque ajá. El hábito que estalla y la noche repentina. El análisis no cambia. Pero llegó esta pandemia y machacó los más insondables cimientos de nuestra sociedad. Nos mostró la debilidad  y la sangre desgranada. La realidad torcida. De cazador a consumidor. Nos devora el dominio de los entes. Compro, vendo…y luego existo. La luna, la noche y  la flor son escuetos commodities.

Los gárrulos de la autoayuda dicen que los problemas no son en realidad problemas, que son más bien oportunidades (¡un problema es un problema, y eso no resiste mayor análisis¡).  Como fuere, esta enfermedad puede convertirse en una oportunidad única para todos nosotros. Hay que reflexionar sobre el sistema que nos llevó hasta esta pandemia y más nunca volver a nuestras vidas de antes. El talante y la forma del consumo que reduce el hábitat de otras especies tienen que ponerse a prueba. No podemos seguir siendo simples entes de consumo. Y aunque la economía muy seguramente se verá grandemente afectada (mucho más de lo que hasta el momento se ha visto afligida) y sus secuelas durarán con nosotros por muchos años,  esto no quiere decir que todo es calamidad; tan solo hay que entender que se puede vivir con menos, más ligeros de equipaje, sin demasías y menos almas condenadas al olvido. Al final solo somos un leve relámpago en la noche,  somos tan solo otra entre muchas especies y en esa medida tiene que haber cabida para un sistema más equilibrado con la vida que nos rodea.

P.D. ¿Acaso realmente necesitamos cien pares de zapatos, cincuenta pares de pantalones, veinte relojes, innumerables joyas y perendengues, ochocientos canales de televisión, el ultimo celular de hace 3 meses, el ultimo de televisor de hace 6 meses, todo nuevo, una docena de automóviles de lujo, propiedades y mansiones de más de 3 mil metros cuadrados, aviones y barcos privados, colecciones de arte o cualquier otro tipo de colección?

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