País de Cafres

¡Muy buenas las tengan! Como dice el horóscopo, este nuevo 2018 es un año de varias transiciones para el país. Además de ser un año electoral, trae consigo una cola de iones dejada por el 2017. Precisamente, el 2017 dejó muchos cambios políticos, entre ellos la firma del proceso de paz con las FARC (la far), que todavía está crudo en términos de su cumplimiento, y la puesta en marcha del proceso de paz con el ELN que ya se iba empantanando a causa del fin del cese al fuego.

Pero, muy probablemente, lo que más llamó la atención, en el 2017, fueron los escándalos de corrupción. Claro que escandalizarnos es solo un decir. Lo que pasa es que para un país, con tantos muertos encima que no dejaban ver el horizonte completo, resulta muy fácil perder los matices. Ahora que estamos sacando la cabeza de ese protervo fango de la violencia (¡hasta ahorita!) se comienzan a ver los visos de los demás vicios que tiene el país.

Esto de la corrupción no es un invento puramente criollo, ni mucho menos. Toda Latinoamérica unida está cundida por esta cuita. El caso Odebrecht salpicó a todos los gobiernos desde Tijuana hasta Tierra del Fuego  pasando, obviamente, por nuestra bella y corrompida nación. Acá se pagaron grandes sumas a altos funcionarios de los gobiernos latinoamericanos para obtener jugosos contratos. Y Lo peor del caso, es que todo este  zaperoco se formó únicamente por las investigaciones que adelantaron Brasil y Estados Unidos y no por el exhaustivo y minucioso trabajo de  los organismos de control con los que cuenta el país. De no ser por el escándalo armado, acá no habría pasado ¡UN CARAJO!

¿Y Qué me dice del escándalo del cartel de la toga? La única entidad que gozaba de alguna clase de prestigio se vio sacudida por cuenta de las acusaciones a miembros de la corte suprema de justicia de recibir sobornos para beneficiarse por medio de sus fallos.

Y esto nos lleva al broche de oro: Estos miembros de la corte eran los padrinos de Gustavo Moreno, en ese entonces el dizque director de la unidad ANTI-CORRUPCION de la fiscalía. (¡HÁGAME USTED EL JIJUEPERRA FAVOR!)  Esta belleza fue detenida cuando recibía dineros del gobernador de Córdoba para entorpecer el proceso que se desarrollaba en su contra. No sobra decir que esta otra perlita (Alejandro Lyons) también hizo parte del cartel de la hemofilia en el que pidió dineros por el orden de 50.000 millones de pesos para tratar pacientes por esta enfermedad  que nunca llegaron a existir.

Esto sumado a escándalos como el de Reficar (4.000 millones de dólares), las regalías del Chocó y la Guajira o el programa de alimentación escolar (una pechuga de pollo a 40.000 pesos) dejan presumir el estado de nuestra sociedad que asume el robo del patrimonio público como una situación perfectamente aceptable. Porque toca sobrevivir, esto funciona así, es así y siempre ha sido así.

Pero esto que estamos viviendo ya llega a unos límites insospechados. Y todavía no sabemos si ya hemos tocado fondo o estamos todavía en proceso de caída libre. A lo largo de estos años hemos convivido con la corrupción como convivimos con la violencia. Haciendo de tripas corazón. Engañándonos a nosotros mismos diciendo que somos el segundo país más feliz del mundo.

Acá lo que hay que hacer es revivir aquella máxima del ex presidente Julio Cesar Turbay: “reducir la corrupción a sus justas proporciones” que para la coyuntura actual sería casi  como reconstruir la república por completo. Pedirles a los contratistas y ministros que por caridad y si les es posible roben poquito. Que se roben la plata pero que por lo menos terminen la carretera, el puente, el hospital. Pero que la terminen. Robar sí, pero poquito ¿sí?

Ante este tipo de escenario, solo queda bajar la cabeza y alcanzar a soltar un apague y vámonos. O esperar que de nuevo un meteorito haga impacto con la tierra como en el Cretácico-Paleógeno. De cualquier manera este 2018 nos augura aún muchos más problemas por resolver, donde la corrupción es solo uno de tantos, y el futuro próximo no pinta para nada alentador.

…Velas de todos los colores, muchísimas velas de todos los colores.

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