CON RESPETO Y NINGÚN TIPO DE VIOLENCIA.

¡Jeliz año! Muy buenas las tengan. No hace mucho estaba conversando con mi familia acerca de los temas que atañen a la ciudad. Tratando de arreglarla a punta de tinto y agua aromática. Que la inseguridad, que los trancones, que los buses llenos, que los vendedores ambulantes, que mucho calor, que la gente no tiene cultura… “y vaya uno dígales algo; y se los gana de enemigos”. Esta frase no resulta para nada absurda y mucho más si tenemos en cuenta los índices de violencia de la ciudad donde hasta la policía resulta agredida por parte de los mismísimos transeúntes que realizan sus fechorías.

 

El problema no es problema (para citar al maligno filósofo de la canción Arjona) es que cuando como sociedad no rechazamos categóricamente comportamientos que van en contra de la normal convivencia y el respeto entre sus ciudadanos nos convertimos inevitablemente en el problema también. El statu quo de cualquier situación hace mucho más fácil establecer que todo siga igual aunque el sistema completo se encuentre terriblemente mal. El miedo a ser agredido o incluso asesinado por parte de tanto guache suelto que se resiste al cambio hacia una nueva cultura en la ciudad hace parte de cualquier transición; pero alguien tiene que hacerlo y así poder inspirar a otras personas masivamente. De lo contrario seguiríamos siendo un virreinato y no una república.

 

Ojo pelao bebé, no estoy tratando decir que nos levantemos en armas contra todos los que se colen o los que no hagan fila o los que boten el papelito a la calle. NO, pero por supuesto que no. Pero tenemos todos que dar el paso y rechazar estas prácticas malsanas.

 

Vea, y es que no hay una situación más lamentable que la de ser asaltado por un malhechor y donde la calle se encuentra atiborrada de personas que no se inmutan para rechazar este tipo de fenómeno delincuencial. Antes avanzan más ligero para evitar ser vistos por el ladrón. Y esto solo es la punta del iceberg (esta analogía nunca nadie la ha utilizado)

 

Personalmente, me considero un cobarde de siete suelas. Pero ya va siendo hora que esta sociedad no acepte ni a los ladrones, ni a los que se cuelan, ni a los que no respetan la fila ni al que le sube el volumen al equipo de sonido a las tres de la madrugada etc. Hago a un llamado a no aceptar estas prácticas, eso sí, y que quede muy claro: CON RESPETO Y NINGÚN TIPO DE VIOLENCIA.

 

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