Memorial de agravios al feminismo

Buenas, País del sagrado chicharrón! Hace ya casi una semana que pasó el día internacional de la mujer. Reconozco que no soy de esos hombres que en ese preciso día andan regalando chocolates o rosas a las compañeras de trabajo o a las amigas. Podrán decir que soy un machista inmundo. Pero no veo cómo tal tipo de dádivas pueden dar validez a la lucha de las mujeres que propugna por una sociedad más justa e igualitaria. Lo veo, más bien, como una maniobra maquiavélica para levantarse a la de recursos humanos o a la amiga que le tiene ganas. No lo hago por tacaño, ni mucho menos. Sencillamente no veo la relación.

Pero que no se me malentienda, yo estoy absolutamente de acuerdo con la batalla que han emprendido las mujeres hace ya varios años por conseguir los mismos derechos e igualdad de condiciones que los hombres. Soy un completo convencido de lo loable que es esta causa.

Más aún, cuando ciertamente las mujeres parecen ser mejores en casi todos los aspectos de la vida diaria. En mi caso, solo puedo hacer una cosa a la vez. No puedo bailar y hablar al mismo tiempo porque me enredo cogiendo el paso y pensando qué decir para conquistar a la damisela. Ellas en cambio, no solo bailan y hablan, también, cantan y le ponen cuidado al mensaje de la letra. Así mismo, si me da gripa, es como si quedara en un coma no inducido; quedo inmediatamente inhabilitado para hacer mis funciones más primarias. En contraste con las mujeres,  que ni el ébola las detiene para ir a trabajar, hacer mercado y atender a los hijos.

¿Las mujeres tienen el derecho a reclamar a que se puedan vestir como quieran sin ser tratadas como suripantas? Sí, porque la realidad es que aunque ellas usen minifalda,  pantalón o incluso un hábito de monja; el acoso por parte de los hombres es el mismo. ¿Las mujeres tienen derecho a reclamar igualdad de salarios comparativamente con los de los hombres de igual nivel educativo? Sí, porque aún hoy en muchos países existen brechas salariales que favorecen a los hombres en términos de oportunidades laborales.

Estoy de acuerdo con estas y otras problemáticas. Sin embargo, considero que el problema del feminismo (además de la incuestionable dificultad que constituyen los hombres anacrónicos y machistas) está en su propio núcleo, en su propia médula que vienen siendo  ellas mismas. En comparación con las mujeres, los hombres somos mucho más primitivos (por así decirlo) controlamos únicamente variables que podemos manejar (en mi caso, una a la vez) pero somos mucho más efectivos. Las mujeres por el contrario, tienden a manejar muchas más variables de las que pueden controlar. Y por esa razón se hacen un ocho cuando quieren defender las banderas del feminismo al definir el papel que quieren interpretar en la sociedad. Por un lado quieren ser fuertes, exitosas, independientes y excelentes madres pero por otra parte quieren tener un hombre que las proteja, que les cargue todo, que les pague todo, les diga en cuál  restaurante comer y qué hacer.

Otro problema del feminismo consiste en que entre ellas no se soportan. A diferencia de las mujeres, nosotros los hombres hemos desarrollado un sistema social mucho más eficaz que el de ellas. Nosotros tenemos la tendencia a agruparnos con nuestros semejantes  incluso en un periodo de tiempo muy corto. Sólo basta ser el amigo de otro amigo. Es decir: nos tapamos con la misma cobija. Entre las mujeres hay mucha más intriga y envidias que impiden que se consoliden como un bloque para lograr sus objetivos. Ya me cansé de cuestionar a mis amigas sobre la posibilidad de la existencia de otras congéneres para que me las presenten. La respuesta es siempre la misma: “yo casi no tengo amigas, me la paso más con amigos”.

Las mujeres son una paradoja. Son a la vez  su mayor virtud y su mayor debilidad. Nosotros los hombres hemos sido crueles y  sistemáticamente las hemos despojado de sus derechos durante muchos años; No porque nosotros seamos mejores o más inteligentes que ustedes  sino porque entre ustedes existen algunas que piensan como muchos de esos hombres anacrónicos y machistas.

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2 comentarios en “Memorial de agravios al feminismo

  1. Tengo que discrepar. Las mujeres sí tenemos amigas y somos solidarias entre nosotras. Nunca me han caído bien esas mujeres que dicen que no tienen amigas, que se llevan mejor con los hombres. Sospechoso, ¿no?, si no tienen amigas será por algo. Y tampoco creo que todas las mujeres necesiten un hombre que las proteja, pague, cuide, acompañe. Las hay que se apañan muy bien solas. De hecho, cuando una mujer enviuda casi nunca se vuelve a emparejar mientras que los hombres sí suelen hacerlo. Perdón por el rollo pero esa es mi opinión. Saludos. (Me gusta la palabra suripanta)

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