La tierra Perdida

Hace unas semanas una amiga me envió un cuento que escribí en mis épocas de estudiante de primaria. El cuento es una mezcla extraña entre Powers Rangers, la película historia sin fin, Samurai Warriors, entre otras. Eso sí, Imaginación no me faltaba en esa edad imberbe. Señoras y señores! Con ustedes el escrito original del cuento: “La tierra Perdida”.

Un niño llamado Nicola Di, que no creía en la fantasía. Era más bien un chico que estaba pendiente de la realidad llena de violencia, cruel, sin sentido, sin sueños. Decía el gobierno es corrupto, la guerrilla causa daños a la naturaleza y asesina a hombres, mujeres, niños y ancianos. Que por aquí, que por allá. Solas tragedias.

Pero un día salió muy temprano de su casa, cosa que nunca hacía. Se dirigió al Colegio Superior Americano cuando depronto [sic] una neblina con olor a Sampic de popurrí lo envolvió. Se aterrorizó,  aun más, cuando vio aparecer un dragón majestuoso, de piel tersa y suave y su cola puntiaguda de colores mágicos que lo transportó al mundo de la fantasía. De repente, escuchó una voz que decía: con este poder mágico te convertirás en un guerrero RAI. Grupo de selectos jóvenes que por su buen corazón, recibe la placa de los RAIS-Scouts. Ustedes tendrán como misión salvar el planeta tierra.

Con él, eran más de cincuenta mil guerreros que debían combatir y acabar con los Spuns    (o Spurs no se ve bien) quienes vivían en infernolandia. Nicola Di con su nueva identidad se dispuso a combatir. Después de casi mil días de lucha sus guerreros estaban agotados por la pérdida de más de veinticinco mil jóvenes.  La tristeza se estaba apoderando de los corazones de los RAIS-Scouts.

De pronto en la inmensidad de la fantasía, una luz brillante llenó de fortaleza a Nicola Di y lo transformó en un guerrero Samurai con una armadura milenaria de sorprendes [sic] poderes. Sacó de su vaina la espada de fuego y se lanzó al fondo del lago de la autonomía a liberar a los Rangers. Grupo macabro que hace cinco mil años fueron encerrados en la botella celestial de la honestidad.

La espada de fuego tocó a los maléficos de infernolandia y a los Rangers y a todos los dejó inconscientes. Nicola Di mientras tanto reunió el amor, la honestidad, la solidaridad, el respeto, la libertad y demás valores y por medio de un remolino lanzó a los malvados guerreros nuevamente al fondo del lago de la autonomía quedando encerrados en la botella de la honestidad.

Después de su batalla el dragón majestuoso pregunto a Nicola Di: ¿Quieres regresar a tu mundo? El contesto que sí. Debo ir a mi mundo. Mi madre y mi padre me esperan. Al despedirse, fue aplaudido calurosamente por sus amigos  guerreros de la fantasía. De regreso a su mundo, su mamá lo llamó para ir al colegio. El sonrió. De nuevo  quiso volver a vivir una aventura  en la tierra perdida.

*Adjunto a ustedes la ilustración también de mi autoría.

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