Lo pobre no nos quita lo valiente!

Buenas las tengan y jeliz año! Estuve pasando fiestas decembrinas en Colombia, más exactamente en Bogotá. Trato de ir todos los años para visitar la familia y los amigos. Pero para mi sorpresa en esta ocasión observé ciertos eventos que hace un año no sucedían o pasé por alto. El trabajo informal se ha tomado por completo la ciudad, y ha permeado también el sistema de transporte público (Transmilenio) que otrora se veía libre de vendedores ambulantes, músicos o habitantes de la calle. Bueno ahora no es así. Hay una presencia considerable de raperos con su pista musical propia, grupos andinos, vendedores de relojes o desplazados en todas las rutas que componen el caótico y endemoniado transporte público masivo urbano. Eso dice mucho de las dinámicas socio-económicas de nuestra ciudad que continuamente se reinventa para ganarse la papa. Y es que el discurso se lo echan 2 o 3 veces por cada vagón del articulado aunque con asombrosa sincronización y respeto cuando se encuentran otro colega; tal vez encontraron la forma de duplicar o triplicar las ganancias.

Es un evento desafortunado porque, como un círculo vicioso, para los vendedores y demás trabajadores informales ese no es el sitio adecuado para ofrecer sus productos pero, por otro lado, ni el gobierno ni el distrito ofrecen mejores opciones de infraestructura ni logística para ubicar esa tracamanada de gente.

Otro evento que me llamó poderosamente la atención es la forma en que la ciudadanía se sube de forma fraudulenta  en los buses del Transmilenio  sin ningún decoro. Así sin más. Antes, se colaban, en su mayoría, los ñeros de las barras bravas de los equipos bogotanos. Ahora, se ven padres de familia y trabajadores en traje de paño y maletín que cual gimnastas olímpicos hacen una especie de salto de potro hacia la parte trasera del bus (muy arriesgado porque donde se resbalen o el bus arranque, el costalazo es fuerte). Toda la clase media se ha volcado hacia esta práctica barbárica. No sé si atribuir este comportamiento a la crisis financiera que golpea a todas las familias colombianas y que deja al que quiere alimentarse sin lo del transporte. O si por el contrario, es un fenómeno de masas atribuido solamente a que si el vecino no paga y se sube; pues yo que voy  a ser tan pánfilo. Entonces no pago y me colo de igual forma – dirían aquellos.

Es muy triste que como sociedad, aprobamos ese tipo de conductas y no las castigamos socialmente, más aún cuando es mal visto que le digamos a la gente que no se cole, que haga fila o que no tire el papelito.

Yo puedo entender que la situación está dura. Nadie puede negar una afirmación como esa. Pero a nosotros los pobres no se nos quita lo valiente.  Para tener una mejor ciudad tenemos que hacer un mayor esfuerzo de civismo. El cambio empieza por cada uno de nosotros y no podemos seguir con ese tipo de acciones que no son más que excusas para no hacer lo correcto.

No se equivoquen, esto no quiere decir que el distrito y Transmilenio no deban hacer un mejor trabajo en cuanto a la planeación de rutas y en el  servicio de buses. Pero colarnos y destruir las puertas de los vagones no es ninguna solución, entre otras cosas porque se reparan con plata de los impuestos o sea de todos! Si tiene un reclamo, quéjese! haga una marcha! haga oír su voz! Pero no seamos vándalos de poca monta.

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