Se me metieron al rancho!

Buenas y sant…  no, qué buenas ni qué hijuemadre!!

Me robaron. Se me entraron a la casa los ladrones. Bueno, en realidad no es correcto el uso del plural, la evidencia dicta que tan solo fue un “tipo” (con este nombre designamos de forma desfavorable a todo aquel individuo que pertenezca a esa sociedad secreta de maleantes y pícaros; es una palabra tan corta pero que deja oír el desprecio mental que siente el emisor). Es curioso pero al llegar al apartamento y pese a encontrar pruebas incuestionables de que alguien había estado allí en mi ausencia como la cerradura de la puerta completamente violentada, huellas de zapatos en el suelo con patrones geométricos que no correspondían a los míos o el cambio aleatorio de posición de los objetos de la habitación, no pude dejar de pensar que existía la posibilidad que había sido yo el que había hecho todo ese desorden antes de salir del apartamento en un esfuerzo desesperado por retomar la calma de aquellos días de verano.
El dichoso tipo exclusivamente pudo llevarse el portátil, una colonia, una maleta (que asumo fue la que utilizó para llevarse el primer ítem)  junto con unos misérrimos dólares en monedas. Que se haya llevado el computador tiene perfecta lógica pero ¿pa’ qué carajos un ladrón se lleva una colonia ya usada?? Me causa gracia la escena en la que el ladrón prueba en su humanidad cada una de las fragancias y con su fino y sofisticado olfato identifica en ellas la familia olfativa dominante junto con las notas de cabeza centro y fondo para finalmente decidirse por la que más haya exaltado sus sentidos. Porque el hijuemichica por lo menos, me dejó las otras dos que tenía.
Que se hayan choreado el computador duele sobremanera porque ese aparatito constituye todo el sistema de entretenimiento que poseo: allí escucho música, veo series y películas, hablo con la familia, me mantengo informado y reviso el correo. Son tantas las funciones que le atribuimos a ese artefacto lleno de circuitos y buses que cuando abruptamente llega su ausencia uno queda viendo para el techo y jodido.

Lo realmente grave del suceso no es el robo per se, sino la implicación literal del dicho: “se le metieron al rancho” que era una frase típica en los días estudiantiles de primaria cuando alguien hacía un comentario lo bastante ofensivo para dejar sin respuesta al directamente implicado y convencer  a los demás compañeros de lo agraviante de la frase (generalmente organizados alrededor de los contrincantes) no sin antes acompañarlo de un vertiginoso manoteo. No, lo realmente perturbador del suceso es la invasión de la privacidad a la brava por parte de un completo desconocido. El choro tuvo acceso a mis documentos de identificación por lo tanto sabe cómo me llamo, sabe de mi apariencia física y tras del hecho sabe donde vivo y cómo vivo. Me preocupa que divulgue con sus camaradas las condiciones de insalubridad en las que vivo, si tan solo supiera que preciso esa semana, no era semana de aseo general. Espero que no se haya llevado una imagen negativa del país.
Es claro que el escenario hubiese podido ser peor, el ladrón pudo haberme causado mucho mayor daño: pudo haberse llevado el modem del internet, pudo haberse llevado algo de ropa (yo no uso ropa de marca pero cualquier chaqueta o par de zapatos es plata), él hubiese podido dejarme indocumentado, pudo haber llamado a un amigo y terminar de llevarse los pocos electrodomésticos que quedaban. Todo indica  que estaba solo y que realizó el robo en un espacio de tiempo muy corto. Finalmente salió por la puerta de atrás.
La imagen mental que tengo del ladrón se trata de un hombre más o menos de 40 años necesitado del dinero para cubrir su dependencia a las drogas. Es chistoso, pero me imagino a un ladrón un tanto ufano de sus fechorías  que le gusta atormentar a sus víctimas (Creo que he visto muchas películas como zodiac). La labor de policía se centró únicamente en advertirme que si veía el computador en una compra-venta o en internet les informara de inmediato para recuperarlo. Cosa que hice pero sin ningún resultado.
Ahora desconfió de todos los transeúntes de la calle.  La dueña del apartamento y su esposo dicen que probablemente fue un amigo o un conocido de un amigo,  en todo caso si fuiste tú y estás leyendo esto, que chiminigagua te bendiga, pero no me coja el apartamento de parche!
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s