El santo cachón

Buenas sojerós! Eventualmente en un restaurante de la zona, estaba departiendo un agradable piscolabis con unas amigas que no veía, más o menos lo que parecía un lustro; y la cadencia de la conversación marchaba en el orden de eventos sucesivos de una comida común y silvestre que se precie de serlo (saludo, beso viene, abrazo va, dichosos los ojos!, cómo esta de cambiao!, ¿Qué andas haciendo?, una entrada con una cerveza s’il vous plaît)  hasta que llegamos al ineluctable tema de esa dinámica sistemáticamente extraña y peliaguda que supone toda clase de entresijos y logogrifos entre dos individuos: la vida en pareja!! (cha cha cha  chaaaaannn  se oyen rayos y centellas)

Hay 3 tipos de relaciones: la primera, la segunda y la tercera (cierto?). Las relaciones cortas (aquellas menores de 2 años), las relaciones medias (aquellas entre 2 y 10 años) y las relaciones largas (aquellas mayores de 10 años hasta lo que dure un bom bril). Yo hago parte de aquellos primates homínidos del primer grupo, y aunque tengo amigos en el segundo y tercer grupo, sinceramente no me explico cómo se las apañan para mantener  una conversación diferente todos los días, cuando se llaman 5 o más veces al día, viven juntos, trabajan juntos y tienen los mismos amigos… no me crea tan pendejo ola! (en serio, si alguien sabe, hágame el 14 de decirme)
Me quiero concentrar en el grupo 3 anteriormente mencionado. Y es que tengo una teoría, la teoría del “santo cachón” (uasshh que man tan original yo). Consiste esencialmente en que la infidelidad (ya sean ósculos, bluyiniada o ayuntamiento) es algo inevitable e ineludible por uno o ambos miembros de la pareja en una relación sentimental prolongada (también pasa en las relaciones cortas y medias pero es infalible en las del tercer grupo). Déjenme darles algunos ejemplos ilustrativos: Las fiestas de las bodas de plata o de oro de los tíos o de los abuelos son muy divertidas; el ambiente es asaz festivo y agradable, los brindis, el baile y toda la vaina; pero será cierto que solo han sido amores durante los 25 o 50 años? O más bien, el agüelo se ha echado una que otra canita al aire y a la agüela pues le ha tocado aguantarse esa situación por los hijos o por lo que dijera la familia. Aplica también de forma inversa eh? Posiblemente durante los 50 años, la abuelita encontró a uno o varios chicos bien simpáticos y dio rienda suelta a sus más bajos instintos (no voy a poder ver a mis abuelitos de la misma forma). Es algo tan sencillo como cuando a uno le dan frijoles todos los días, en el momento que se cambia el principio a garbanzo, pues saben mejor por la novedad. Tengo amigos y amigas (eso es por igual) que les han sido infieles a sus parejas de una u otra forma y sé de buena tinta que al final una pareja estable es la sucesión de “cachoneadas” de parte y parte que deciden vivir con ello. Difícil sería no preguntarse si en realidad somos una especie monógama.
Es claro que algún día, ganesha no lo quiera, cruzaré la barrera del grupo 2 y 3, ante lo cual sólo tengo un requerimiento acorde a la filosofía de un profesor de la universidad: En esta clase – él decía – no se puede hacer copia, si van a hacer copia, háganla! pero que yo no me dé cuenta – continuaba – porque si yo me llego a dar cuenta que uno o varios de ustedes hacen copia en uno de mis exámenes, los hago echar –  así dijo  los hago echar!!  Y es un derrotero que pienso emplear cuando llegue aquel día aciago. Si me van a poner los cachos, pues que lo hagan cuantas veces quieran y de todas las formas que quieran, pero si y solo si, yo no me llego a dar cuenta (y que no me prendan ninguna enfermedad eh?). La ignorancia es atrevida pero también puede llegar a ser una bendición.
Finalmente, creo que el amor es un estado químico pasajero de origen evolutivo, con el propósito de hacernos procrear para conservar la especie, y que se extingue con el tiempo para convertirse en costumbre. Pero aun así, es una cosa mucho lo gonita!, nos diferencia de otros seres como las plantas, los animales y los robots (que no limpian la basura que cubre a la tierra después de que fuese devastada y abandonada por el ser humano en un futuro lejano). Creo que es importante fijar la diferencia entre ese sentimiento tan regonito! y el mero hecho de estar con alguien tan solo por no sentirse solo; hay un gran abismo que los separa. La necesidad es un pésimo consejero y pienso que todos nosotros deberíamos ser más selectivos con nuestras parejas potenciales acorde a nuestras necesidades y proyectos y así evitar tantas “cachoneadas”. En el matrimonio a uno le preguntan que si acepta a la otra persona hasta que la muerte los separe; yo pienso que nadie puede prometer algo así. Lo más sensato sería contestarle al cura: acepto pero durará lo que tenga que durar.
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