La indiferencia

Buenas y santas! Vivimos presentemente una coyuntura socio-política en medio de un ambiente electoral y mundialista, una mezcla un tanto extraña porque por un lado uno está pendiente de las alineaciones de los equipos del partido de las 12:00, 3:00 o 6:00 pero también, del futuro del proceso de paz o de las nuevas propuestas del presidente reelecto (no es reelegido porque todavía no toma posesión del cargo para el segundo periodo sino hasta el 7 de agosto). Una amiga decía que no le gustaba mucho la fiesta mundialista porque eso se prestaba para la aparición de muertos (como efectivamente ocurrió) y es una cortina de humo, si así dijo, una cortina de humo para esconder los problemas del país.  Y creo que tiene razón aunque, como bien me decía mi señor padre cuando tenía que hacer tareas: todo tiene su tiempo; no veo nada de malo en unirnos y celebrar los buenos resultados del país en cualquier disciplina deportiva, el problema radica en cómo celebramos. No podemos estar todo el tiempo sintiéndonos miserables por nuestra realidad de país como tampoco podemos olvidar todos los desafíos que tenemos como sociedad por un 3-0. Todo tiene su tiempo.
Al finalizar el partido de Colombia, y con una dicha inconmensurable, (ya se lo que puede llegar a sentir un brasilero o un argentino cuando ve a su selección) estuve con unos amigos (sin denotar cópula o coito alguno) almorzando y viendo los partidos ulteriores, cuando se me cruzó por la mente sugerir el mero hecho de invitar a todos los presentes a participar en las urnas, puesto que en el país nos encontrábamos en la instancia de segunda vuelta en las votaciones presidenciales. A decir verdad, no lo expresé de esa manera pero mi idea era más o menos la siguiente: transformar algo que es tan rutinario como lo es la acción de ir a votar, en algo un poco más festivo haciendo que nos reuniéramos con los amigos, votáramos y al salir, discutiéramos la situación a manera de tertulia (que sofisticado soy) tomando un pequeño piscolabis o “gaseosiando” en un sitio cercano. Estoy muy al tanto que el plan no es el más entretenido del orbe, ni el mejor planeado, soy consciente también que el plan está muy “chimbo”  por decir lo menos, pero yo me he ido a “vitriniar” con amigos a centros comerciales y he ido a acompañar novias a probarse ropa. ¿Dígame si eso no es un plan bien “chimbo”
Cuando ya estábamos todos reunidos seguí repitiendo en forma de mantra el dichoso plan pero recibí con sorpresa esa mirada general de desatención o abstención, y a continuación pusieron en lengua castiza lo que todo el día habían pensado con mis incesantes y fastidiosas insistencias. Descubrí de inmediato que el único que iba a asistir al piscolabis era este servidor y que no había la más mínima posibilidad de reunión, nada de “gaseosiar”, ni qué tertulia ni qué ocho cuartos! Coja seriedad en la vida!
Varios amigos arguyeron básicamente que no había diferencia alguna de carácter programático entre los 2 candidatos finales (cosa que puede ser cierta, el tiempo nos lo dirá), que no se iban a prestar para elegir el menos peor (tienen razón pero no existen candidatos perfectos, decir lo contrario, sería suponer que los presidentes son la representación de una deidad en la tierra) o que simplemente no revestía la menor importancia. Incluso un amigo hizo referencia a los personajes de los Simpson Kodos y Kang que me hizo mucha gracia porque explicaba de forma muy pintoresca el contexto actual y suscitó en mí una imagen mental de santos encarnado por Bill Clinton y de Zuluaga por Bob Dole, ambos  con látigos, haciéndonos construir un cañón de rayos apuntando a un planeta que no conocemos. 
Acá yo no estoy para darle lecciones de moral a nadie ni muchísimo menos, me considero un chisgarabís o un chiquilicuatro en toda la extensión de la palabra pero el voto es lo mínimo que un ciudadano, que se precie de serlo, tiene el derecho y el deber de hacer, justamente para participar en el destino de su país o nación que precisamente eso es lo que es: nuestro y de nadie más. Si nosotros no participamos en el destino de nuestro país, sin importar las condiciones ideológicas de cada uno de nosotros, pues no tenemos mayor opción que atenernos a lo que los demás si tuvieron el carácter de hacer. Es algo así como que usted va a un restaurante porque allá le gusta el tipo de carne que preparan, cuando llega el mesero para pedir su orden, usted en vez de pedir el tipo de corte que más le gusta, le dice al mesero: “tráigame lo que quiera”  el mesero le trae una ensalada, y a usted le toca pagarla y comérsela. El grado de indiferencia de mis amigos es sólo comparable con el grado de indiferencia que yo sentía por mi país  hace unos pocos meses y pensaba exactamente como ellos, no veía ninguna solución para ese país (es más, por eso me fui de allí) y es probable que no exista y que seamos un pueblo destinado a perecer de manera fratricida, pero es preferible hacer algo a quedarse cruzado de brazos por muy insignificante que sea. No hacer nada nos condena. Curiosamente, me ocurrió algo parecido a cuando uno tiene una novia y  da por hecho que están juntos y la ignora, pero luego usted empieza a darse cuenta que ella comienza a hablar continuamente e interminablemente con un nuevo amigo en la cocina del apartamento mientras fuman, Ahí si se convierte en SU novia. De esta forma, viviendo en el exterior, me di cuenta de las condiciones de otras comarcas y empecé a querer a mi país y si realmente queremos que la vaina funcione pues no nos queda otro remedio que hacer si quiera el esfuerzo para participar por lo nuestro, porque nadie más va a venir a arreglar nuestros problemas.
Para terminar, quiero hacer énfasis y resaltar en negrita  que las pequeñas acciones cuentan y cuentan poderosamente, un voto por más pequeño hace la diferencia, un mensaje hace la diferencia, un saludo hace la diferencia. Detrás de la indiferencia se esconde la costumbre y creo que es un cáncer que nos carcome los órganos a la mayoría de nosotros. Que no volvamos a esa época infausta de nuestra historia cuando todos nosotros nos acostumbramos a los 4 o 5 carros bomba por semana o a los secuestros indiscriminados de individuos, siempre y cuando no fueran familiares de uno. Tenemos que dar a conocer nuestro descontento en las situaciones que no nos parezcan razonables. Tenemos que llegar al nivel de países más desarrollados donde se denuncia y todo el país se moviliza con la muerte así sea de un compatriota, de igual manera tenemos que llegar a denunciar y movilizarnos cuando exista la muerte, el secuestro o la extorsión de un solo colombiano, la costumbre y la indiferencia a la violencia o a la tortura es un mal que ninguno de nosotros como colombianos nos podemos dar el lujo de volver a tener.
… nos pillamos pues.
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