Qué man tan abeja!

Buenas las tengan! La coyuntura política que se cierne en estos últimos días en nuestro país, previos a elegir presidente de la república, ha desatado cantidades pantagruélicas  de opiniones en las redes sociales o en blogs, como este, que dista mucho de ser algo original y singular. Aunque podríamos gastar resmas y más resmas de papel bond (carta u oficio, ahora legal, pero jamás esa monstruosidad de dimensiones DIN A4 O DIN A5, que yo siempre confundía con papel carta y que a la hora de imprimir las márgenes siempre me salían chuecas) discutiendo la contienda política actual, de si Santos va a conseguir la paz pero no ha hecho lo suficiente, o si regalar casas es la solución, o si Zuluaga va a ser la  polichinela de Uribe y va a acabar a sangre y fuego a las Farc, o  que uno es menos peor (pior) que el otro, o  que ninguno de los dos es la solución al cambio en nuestro país que venimos buscando desde tiempos del big bang , o para ser más objetivos: que Zuluaga tiene una cara de dañado que no puede con ella (claro que la de santos no es que sea la maravilla, pero acá entre nos, santos era más pinta). Si señor(a), podríamos seguir divagando y dando largas a ese discurso sempiterno de borracheras a punta de aguardiente (o si no había con qué, con el llamado chambers o con más cachet: chamberlain) hasta la madrugada del otro día tratando de arreglar el país. Pero ese no es el mensaje que quiero tratar con ustedes, no no no (seguido del sonido que se hace al intentar pronunciar una especie de T con los dientes cerrados y moviendo el dedo índice de un lado al otro indicando negación) por supuesto que no señor(a) lector(a). El mensaje que quiero transmitir el día de hoy, cual trabajador de transporte público (y perdónenme que me haya subido así) es creo yo, mucho más simple y desconoce todos los complejos matices de nuestra sociedad. 
Hace un tiempo se me ocurrió la “brillante” y “original” idea de crear un grupo en Facebook nombrado “a este país le falta mucha cultura jijuepuerca” el nombre trataba de resumir las vivencias  de ciudad que había tenido desde mi niñez en Bogotá en yuxtaposición un poco con la experiencia de mi vida en el exterior ya hace unos cuantos años (el “jijuepuerca” era para diferenciarlo de algunas páginas que tenían nombres similares). En un largo periodo de desparche en una escala de vuelo, llegué a la conclusión que la diferencia entre Bogotá junto a  otras regiones del país y otras ciudades del mundo más desarrolladas entre otras cosas, es el grado de cultura que tienen sus habitantes.  Y acá el termino cultura no significa la cantidad de conocimiento que tiene un individuo sobre cierta ciencia o disciplina, sino más bien su sentido abarca un gran número de acciones y pensamientos que van dirigidos al bienestar común de un grupo de individuos. 
Desde que era “chinche”, crecí y crecimos todos, con la idea que había que ser el más avión, el más abeja, el más avispado, estar mosca o estar en la juega  (todos ellos objetos o insectos alados) para indicar que había que cometer diversas actividades ladinas y taimadas con el propósito de aprovecharse del desprevenido advenedizo que se topara con nuestra humanidad. Así es como siempre me trataba de colar en la fila del banco o en la del cine cuando iba con mis progenitores o amigos, sin mencionar que cuando  iba a comprar galguerías,  y si por casualidad la señora de la tienda me daba más vueltas de las aritméticamente correctas, uno se hacia el pendejo y se dirigía a continuación a la tienda de la competencia a seguir mecateando. Igualmente,  el arte de regatear en los san andresitos funciona de la siguiente manera: el vendedor pide un valor 100% superior al recomendado por el índice de costos al consumidor y el comprador ejerce un eje de fuerzas que haría sonrojar al mismísimo Newton,  para no dejarse tumbar con frases como: “no vecino eso está muy caro” o “si sigue con esos precios me va a perder” o mi favorita: “por qué allá en aquel lado me lo dejan más barato si es igualitico?” Siendo Honesto, soy pésimo en la técnica de este arte milenario y siempre salgo regañado del local si pido rebaja de 2 mil pesos;  Sin  embargo, he visto a mi papá salir ufano de la tienda, pidiendo rebaja de más de 100 mil pesos. (Hasta el día de hoy, no lo logro explicar).
Sin desconocer lo compleja que puede ser la problemática de un país, pienso que todo comienza por la familia y el hogar de cada uno de nosotros. No importan los senadores ni los concejales ni ediles de cada ciudad y mucho menos el presidente de la republica de turno, todos estos cargos políticos son influenciados por personas  que desean poder y dinero, no por un verdadero y desinteresado servicio a la comunidad ergo, es imposible que una persona solucione todos los problemas de una nación. Creo que nosotros durante mucho tiempo hemos culpado a los políticos y a agentes externos por la situación de violencia, pobreza y corrupción del país aunque, con esto no quiero decir que no podamos exigir que personas idóneas ejerzan cargos públicos, por el contrario, hago apología al voto de opinión por encima de todo. Pero cada uno de nosotros tiene que hacer un esfuerzo en cada familia para eliminar esas actitudes anquilosadas de la denominada cultura del atajo como por ejemplo: colarse, tumbar al otro, echarle el carro al otro, cruzarse  en medio de la calle, coger el bus donde caiga etc. que en nuestra sociedad damos como políticamente correctas y que en mi muy humilde opinión son el caldo de cultivo para que otra persona considere éticamente plausible atracar y darle chumbimba a otro individuo por un celular o una camiseta de un equipo de futbol o actividades como apoderarse de un dinerillo de los impuestos de todos los ciudadanos. Es que es un absurdo! 
Finalmente, considero que necesitamos educarnos, espero que no sea tarde y quiero creer que no es así. Son simples y sencillas acciones como cruzar por las cebras, no tomar si va a manejar, coger el bus en puntos fijos, no matar, no atracar, no puntiar al prójimo, no sea corrupto, no masacre gente. Desde lo más profundo de mis entrañas, que se han de comer los gusanos, quisiera ver antes de morir una ciudad y un país sin miedo a salir a la calle, sin miedo a coger un taxi o un bus, sin miedo a sacar el celular. Considero que el día en que uno pueda salir a caminar por la avenida de la caracas a las 3:00 am y salir con todas las extremidades intactas yo creo que lo habremos logrado. Ayúdame amigo lector o lectora, si tú, amiguito o amiguita que aunque no te conozca creo que sientes lo mismo que yo, esa sensación de que algo no está bien (así mero matrix) y comprométete con esta causa que espero no esté destinada al fracaso.
… ahí nos vidrios!
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