Diferencia entre hincha y seguidor

Es el fútbol la única religión que profeso (porque es una organización con fines lucrativos pero por lo menos me lo dice de frente) y en alguna ocasión, hablando con una amiga acerca de nuestras aficiones balompédicas, llegué a la conclusión que es menester definir la verdadera diferencia entre ser un mero hincha, en contraste con lo que se puede denominar un seguidor o un admirador de un equipo en cualquier tipo de disciplina deportiva, y es necesario, no en el sentido en que vaya a permitir una división temporal de la humanidad sino por la sencilla razón de que lo más trivial y pueril se puede convertir en algo más interesante para algunos (no para mi).
Admitamos todos, que somos un país netamente futbolero, cosa que no logro llegar a comprender muy bien, porque los resultados de nuestra selección de mayores son francamente decepcionantes: hemos llegado únicamente hasta la instancia de octavos de final en campeonatos mundiales (cosa que no creo que vaya a cambiar en el mundial de Brasil ahora en junio), ninguna medalla de oro en olímpicos y una copa américa pero sin Brasil ni Argentina (nadita no?). Los resultados en clubes no son muy halagadores: 2 campeones en toda la historia del certamen. Es algo así como si tuviéramos una pasión furibunda hacia la selección colombiana de hockey en hielo, teniendo en cuenta que no hemos tenido ninguna aparición en competiciones internacionales y que si no fuera por la inexistencia de dicha selección no obstante, los resultados son muy similares. Creo que el problema radica en que somos un pueblo con tendencias masoquistas y sufrimos del complejo de inferioridad (desde que salimos al campo de juego, ya estamos derrotados). Creo que ya me salí de la tesis central de este libelo virtual, retomando.
Considero que hay 2 poderosas condiciones por las cuales uno se puede convertir en hincha de cualquier equipo en cualesquiera disciplinas deportivas. La primera y la segunda. La primera es haber nacido en la ciudad que representa dicho equipo o la segunda que es de perentorio acatamiento que reza que al menos se haya residido un mínimo de 10 años en dicha ciudad (tiempo que me inventé arbitrariamente pero en el que creo se pueden empezar a adquirir la idiosincrasia y cultura de una ciudad). En el caso hipotético en que alguna de las clausulas anteriores no se cumplan satisfactoriamente, el individuo que quiera estrechar lazos con un equipo determinado se convierte automáticamente en un seguidor o admirador.

Dicho esto, expongo mi caso personal: durante mi niñez me hice “hincha” del equipo nacional de la ciudad de Medellín más que nada movido por los buenos resultados en el campeonato colombiano y por la copa libertadores que obtuvo en el año 1989 además, en su plantilla se encontraba la base de la selección Colombia de aquella época (Higuita, Leonel Álvarez,  el primo alex, Trellez, Perea etc.) No sé, pero cuando  las visitas y mi papá me preguntaban a qué equipo pertenecía, simplemente recordaba el equipo que había ganado los últimos años; me gustaba la idea de ser parte del conjunto de los que ganan y ahora que lo pienso hice mi elección de forma arbitraria, pudo haber sido cualquiera, era una cosa sin importancia y sigue siéndolo (No soy un monomaniaco obsesionado por el futbol, solo lo veo en instancias decisivas como una forma de entretenimiento, no entiendo por qué nos matamos por una camiseta).

Asimismo, en los últimos años he venido siguiendo al equipo Barcelona  porque su estilo de futbol es muy parecido al sudamericano, es decir, pases cortos, cambios de frente constantes,  gran ofensiva por las bandas y grandes figuras como Messi que hace las delicias de grandes y chicos (aunque esta temporada  les fue como los perros en misa) y cada vez que veo las competencias internacionales o la liga española tengo la tendencia a inclinarme por el Barcelona para que consiga la victoria. Pero  simplemente me considero un seguidor o un aficionado del equipo catalán, mucho menos un hincha porque violo las 2 condiciones anteriormente descritas.

 Descubrí (un domingo de desparche) que los equipos son entes que representan identidadesde un determinado grupo de individuos que componen esa porción de tierra; y a  identidad me refiero a toda esa vasta y compleja idiosincrasia que da forma a un pueblo, diga usted: su cultura, su acento, la forma de expresarse, los modismos, los gestos, la forma de vivir dicha ciudad etc. Esa particularidad nos hace únicos en el mundo. No es lo mismo un individuo de Kampala en Uganda a un rolo. Todo cambia: su lenguaje, su raza,  su gastronomía, sus tradiciones, sus vestimentas, sus ideas, sus dioses, sus necesidades son completamente opuestas.

En mi caso, yo solo he ido un par de veces a Medellín y en esos viajes recuerdo un profundo dolor de cuello cada vez que iba (yo no sé qué les dan de comer allá, pero que viejas tan buenas parce!)Y por tal motivo no puedo ser hincha de ningún equipo ni paisa, ni caleño, ni costeño porque no nací ni pasé mi niñez en ninguna de esas ciudades, ergo, no tengo el suficiente bagaje idiosincrático para poder desarrollar una identidad que se trasmuta en pasión y que hace que pueda dar como míos  los triunfos de un determinado equipo.

Lo mismo pasa con el Barça, dado que ni nací en la ciudad de Barcelona ni he pasado al menos 10 años en esa ciudad nunca puedo decir: “ganamos la champions” o “ganamos la copa del rey” más bien digo: “el Barcelona ganó la champions” o “el barcelona ganó la copa del rey” soy solo un agente externo que admira el estilo de juego y sus jugadores. Considero que estos axiomas son aplicables a cualquier disciplina deportiva: no creo poder ser  hincha del equipo de hockey los canadiens de Montreal, teniendo en cuenta que su legado histórico tiene origen  hace más de 100 años y fue en esa región donde se inventaron ese deporte, más bien me considero un seguidor ocasional por así decirlo.

Finalmente, respecto a los equipos colombianos, en este momento me encuentro de nuevo junto con los equipos de la ciudad de Bogotá, aunque una amiga me dice que no puedo ser hincha de los 3, me considero como una madre que quiere a sus crías a todas por igual;  celebro sus triunfos y cuando pierden, que no son  pocas veces, no me estreso tampoco. Hay que recordar que es solo un juego y no vale la vida de ninguna persona, en ninguna región del mundo.

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